Escritura7 de abril de 20264 min lectura

Manierismos en la escritura: cómo mejorar tu estilo

Manierismos en la escritura: cómo mejorar tu estilo

¿Te ha pasado que lees una novela y sientes que algo chirría? No es que la trama esté mal o que los personajes sean planos. Es algo más sutil, como si el autor tuviera ciertas... manías. Palabras que repite, estructuras que usa una y otra vez, pequeños tics que al principio no notas pero que, página tras página, se vuelven evidentes.

Esos son los manierismos en la escritura, y todos los tenemos. Yo mismo tardé años en darme cuenta de que abusaba de las comas explicativas y de que empezaba demasiadas frases con "Sin embargo". Lo curioso es que cuando escribes, no los ves. Es como tener una muletilla al hablar: la usas sin darte cuenta hasta que alguien te lo señala.

Qué son exactamente los manierismos

Los manierismos son patrones repetitivos en nuestro estilo de escritura que, cuando se usan en exceso, pueden distraer al lector. No son errores gramaticales ni faltas de ortografía. Son más bien como una marca personal que se ha vuelto demasiado evidente.

Me acuerdo de una alumna que escribía fantasía y tenía la manía de hacer que todos sus personajes "suspiraran profundamente" cada dos páginas. Otro escritor que conocí no podía evitar describir los ojos de sus protagonistas como "brillantes" o "relucientes" en cada novela. Una vez que te das cuenta, es imposible no verlo.

Los manierismos más comunes que he observado incluyen la repetición excesiva de ciertas palabras, el abuso de adverbios terminados en -mente, estructuras sintácticas idénticas, o incluso patrones narrativos como empezar cada capítulo con una descripción del tiempo atmosférico.

Por qué desarrollamos estos patrones

Desarrollamos manierismos porque, en el fondo, son recursos que nos funcionan. Cuando encuentras una frase que te suena bien, una estructura que fluye, una palabra que encaja perfectamente, tu cerebro la archiva como "esto funciona". Y empiezas a usarla una y otra vez.

También influye lo que leemos. Si eres fan de un autor en particular, es probable que hayas absorbido algunos de sus patrones sin darte cuenta. No es plagio, es influencia natural. El problema surge cuando esos patrones se vuelven automáticos y limitantes.

Recuerdo que durante años escribía diálogos que terminaban siempre con una acción del personaje. "—No me gusta —dijo mientras se cruzaba de brazos." "—¿En serio? —preguntó arqueando una ceja." Era mi manera de evitar los simples "dijo" o "preguntó", pero se había convertido en una fórmula rígida.

Cómo detectar tus propios manierismos

La detección es la parte más difícil porque estamos ciegos a nuestros propios patrones. Una técnica que me funciona es leer mis textos en voz alta después de unos días. Los manierismos se vuelven más evidentes cuando los escuchas que cuando los lees.

También puedes hacer búsquedas específicas en tu texto. Busca palabras que sospechas que usas mucho: "entonces", "sin embargo", "de repente", "suavemente". O patrones como "mientras que" o "a pesar de". Te sorprenderá la frecuencia.

Una alumna me preguntó una vez cómo podía saber si su estilo tenía demasiados manierismos, y le mostré el análisis de estilo de Bookit Novel, que detecta patrones repetitivos en tu escritura y te muestra un mapa de tus tendencias más marcadas. Es revelador ver tu propio estilo analizado objetivamente.

Otra estrategia es pedirle a alguien de confianza que lea tu trabajo con ojo crítico. Los lectores beta son especialmente buenos para esto porque leen con atención y pueden señalar patrones que tú no ves.

Cómo mejorar tu estilo sin perder tu voz

Aquí está el equilibrio delicado: quieres eliminar los manierismos que distraen, pero sin borrar tu personalidad como escritor. Tu voz es valiosa; solo necesita pulirse, no cambiarse por completo.

Empieza por identificar tus tres manierismos más evidentes y trabaja en ellos uno por uno. Si abusas de los adverbios, dedica una sesión de revisión solo a eso. Busca cada "-mente" y pregúntate si realmente añade algo o si puedes expresar la idea de forma más directa.

Practica variación consciente. Si siempre describes emociones de la misma manera, haz una lista de alternativas. En lugar de que tus personajes siempre "sonrían", pueden "esbozar una sonrisa", "curvar los labios", o simplemente mostrar su alegría a través de acciones.

Lee autores diferentes. Si siempre lees el mismo género o estilo, tu paleta de recursos se limita. Leer prosa diversa te da más herramientas y te ayuda a romper patrones automáticos.

Reconocer y pulir nuestros manierismos es parte del crecimiento como escritores. No se trata de eliminar completamente tu estilo personal, sino de refinarlo hasta que cada palabra, cada estructura, cada patrón esté ahí por elección consciente, no por automatismo. Es un proceso gradual, pero cada paso te acerca a una escritura más limpia y efectiva.

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