De todas las decisiones que se toman antes de escribir una novela, el punto de vista narrativo es la que más cuesta corregir. Cambiar el nombre de un personaje son diez minutos con buscar y reemplazar. Cambiar de primera a tercera persona es reescribir el libro.
A pesar de esto, es la decisión que más gente toma sin pensar, quizá por costumbre o por imitación. En este post explico cómo utilizar el punto de vista.
Las opciones, en dos líneas cada una
Primera persona. El personaje cuenta. Máxima intimidad, máxima limitación: solo sabemos lo que él conoce.
Tercera limitada. Un narrador externo que se pega a un personaje y solo accede a su cabeza. Es la opción mayoritaria en la novela contemporánea.
Tercera omnisciente. El narrador lo sabe todo de todos y puede moverse libremente. Suena cómoda y es la más difícil de las tres.
Segunda persona. «Entras en la habitación y la ves.» Existe, funciona en textos breves y agota en una novela entera. Úsala solo si el efecto de incomodidad es el tema.
Qué gana y qué pierde cada una
Primera persona
Ganas voz. Un narrador en primera con carácter propio engancha desde la primera línea, y es la razón por la que la novela negra y la juvenil la usan tanto.
Pierdes tres cosas que duelen. No puedes contar nada que el narrador no presencie, y eso complica las tramas con varios frentes. No puedes describirlo desde fuera sin recurrir al truco del espejo, que se nota siempre.
El fallo típico: el narrador que recuerda diálogos de hace veinte años palabra por palabra. Si narras en pasado, en algún momento será necesario admitir que no te acuerdas de ciertos detalles. Esa grieta da credibilidad.
Tercera limitada
Ganas por una parte la intimidad de la primera y por la otra, recuperas la libertad de describir al personaje desde fuera. Puedes cambiar de personaje entre capítulos y cubrir varios frentes sin romper nada.
Pierdes poco. Por eso es la elección por defecto y por eso, si dudas, es la que te recomiendo.
El fallo típico: colarse. Estás en la cabeza de Marta y de repente escribes «Luis pensó que se equivocaba». Ese salto de un párrafo rompe el pacto y el lector lo nota aunque no sepa nombrarlo.
Tercera omnisciente
Ganas amplitud: puedes abarcar generaciones, pueblos enteros, guerras. Es la voz de la novela decimonónica y de buena parte de la histórica.
El precio a pagar es alto. Si eres ducho en su manejo la obra perderá tensión. Requiere un narrador con personalidad propia.
Las señales de que tu punto de vista no funciona
Te ves obligado a inventar excusas para que tu narrador presencie escenas. Personajes que le cuentan lo que pasó, cartas oportunas, conversaciones escuchadas por casualidad. Si acumulas tres de esos trucos, la primera persona te está estorbando.
Cambias de cabeza sin darte cuenta. Revisa un capítulo al azar y subraya cada vez que accedes a lo que piensa alguien. Si hay más de un nombre subrayado, tienes salto de punto de vista.
Todo lo importante ocurre fuera de escena. Señal de que tu narrador está en el sitio equivocado. La regla: narra desde quien más tiene que perder en esa escena.
Los lectores no conectan con el protagonista. A veces no es el personaje: es la distancia desde la que se cuenta.
Varios puntos de vista: la regla de la puerta
Alternar personajes funciona muy bien y tiene una sola regla: se cambia en un corte claro, capítulo o separación marcada. Nunca a mitad de escena.
Además comparto dos consejos que evitan la mayoría de los problemas. Que el lector sepa en la primera línea del capítulo en la cabeza de quién está, sin tener que deducirlo en el tercer párrafo. Y que cada punto de vista aporte algo que los demás no pueden dar: si dos personajes ven lo mismo y opinan lo mismo, sobra uno.
Sobre cómo repartir esos puntos de vista a lo largo del libro sin desequilibrarlo, ayuda tener la estructura de la novela en tres actos montada antes.
El tiempo verbal, que va de la mano
Pasado o presente. El pasado es lo natural en castellano y desaparece: el lector no lo ve. El presente da inmediatez y cansa más, sobre todo en novelas largas.
Mi recomendación práctica: pasado, salvo que tengas un motivo concreto para el presente. El presente en primera persona durante cuatrocientas páginas es agotador para mucha gente, y es una de las causas de abandono que menos se mencionan.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el mejor punto de vista para una primera novela?
Tercera limitada, en pasado, con uno o dos personajes. Es el que menos problemas da y el que más margen deja.
¿Puedo mezclar primera y tercera persona?
Sí, y hay novelas excelentes que lo hacen. Necesita una lógica clara y sostenida: por ejemplo, un personaje siempre en primera y los demás en tercera. Si es arbitrario, se percibe como error.
¿Cuántos puntos de vista puede tener una novela?
Dos o tres funcionan bien.
¿Cómo sé si me he salido del punto de vista?
Pregúntate si tu personaje podría saber eso. Si escribes que alguien se puso rojo de rabia, y tu narrador está de espaldas, te has salido.
La prueba de las dos páginas
Antes de comprometerte con una novela entera, escribe la misma escena dos veces: una en primera y otra en tercera limitada. Dos páginas cada una, la misma escena.
Una de las dos se escribirá sola y la otra te costará. Si quieres una segunda opinión sobre cómo suena tu voz narradora, en Bookit Novel puedes pedir un análisis de estilo de tus capítulos y ver si el punto de vista se te escapa sin que lo notes.



