Casi todo lo que se escribe sobre cómo escribir una novela habla de inspiración, de encontrar tu voz y de creer en el proyecto. Nada de eso es falso. El error es creer que te ayudará finalizar una novela. Lo que termina un libro es un plan con fechas. Por ejemplo, doce semanas. Una plan que trabaje de la idea al borrador con las tareas semanales. La promesa no es que tendrás una obra maestra. Si tiene que llegar, lo hará con el tiempo. Prometo una novela terminada.
Antes de empezar: la cuenta
Ochenta mil palabras en doce semanas son unas seis mil seiscientas por semana. Si escribes cinco días, son mil trescientas al día. Si escribes seis, mil cien.
Mil palabras son entre cuarenta y sesenta minutos para la mayoría de la gente. Esa es la inversión real: una hora al día durante tres meses.
Si esa cifra te parece imposible, baja el objetivo en lugar de abandonar el plan: cincuenta mil palabras en doce semanas son ochocientas al día. Sobre qué extensión corresponde a tu género, tienes las cifras en cuántas palabras tiene una novela.
Semanas 1 y 2: los cimientos
No escribes en la novela. Trabajas para que posteriormente la novela sea escribible.
Semana 1. El protagonista y el conflicto. Cuatro respuestas en un folio: qué quiere, qué necesita, qué teme y en qué se contradice. Y la frase de su creencia sobre cómo funciona el mundo. El método está en cómo crear un personaje que aguante trescientas páginas y en el arco del personaje.
Semana 2. La estructura y la escaleta del primer tercio. Los tres actos en una página: el detonante, el punto medio, el fondo del pozo, el clímax. Y después la lista de las primeras quince escenas, una línea cada una. Tienes el método en la estructura de una novela en tres actos y en la escaleta de una novela.
Decide también el punto de vista y el tiempo verbal ahora, porque cambiarlos después es reescribir el libro entero: punto de vista narrativo.
Semanas 3 a 5: el primer acto
A escribir. Objetivo: veinte mil palabras y el primer acto cerrado.
Dos reglas que no se negocian en estas tres semanas.
No se relee. Ni el capítulo de ayer. Si relees, corriges, y si corriges, dejas de avanzar. La corrección tiene sus propias semanas más adelante.
Se para a mitad de frase. Cada día, deja la última frase sin terminar. Mañana no te sientas ante una página en blanco.
El primer acto se cierra cuando tu protagonista decide meterse en el lío, no cuando lo meten.
Semana 6: el alto en el camino
Una semana sin escribir novela y la más importante de las doce. Aquí es donde se salva el proyecto.
Haz tres cosas:
Escaleta inversa de lo escrito. Una línea por escena. Mira si entre cada dos cabe «pero» o «por lo tanto». Donde solo quepa «y entonces», ahí tienes el problema.
Escaleta del segundo acto. Las veinte escenas siguientes, con el punto medio marcado y con la garantía de que cada obstáculo ataca la creencia del protagonista.
Revisión de fichas. Qué sabe cada personaje a estas alturas, qué le ha pasado, en qué ha cambiado.
Saltarse esta semana es la causa número uno de abandono en el capítulo siete, y lo explico en por qué el bloqueo del escritor llega en el capítulo siete.
Semanas 7 a 10: el segundo acto
Las cuatro semanas largas. Objetivo: cuarenta mil palabras más.
Tres estacas que clavar por el camino: el primer intento que fracasa por culpa del defecto del protagonista, el punto medio que cambia las reglas hacia la semana 8 o 9, y el fondo del pozo al final de la semana 10.
Aquí es donde más se abandona, y siempre por lo mismo: el protagonista deja de decidir y empieza a reaccionar. Si te pasa, no sigas escribiendo. Vuelve a la escaleta y comprueba qué quiere tu personaje en cada escena. Si en alguna no quiere nada, esa escena sobra.
Semanas 11 y 12: el tercer acto
Veinte mil palabras y se acabó.
El tercer acto es corto y rápido de escribir si has hecho el trabajo. Tres piezas: la decisión nueva desde el fondo del pozo, el clímax que se resuelve con lo aprendido y un cierre de pocas páginas.
La tentación de estirar el final es enorme. Resístela: los finales largos apagan lo que acabas de encender.
Lo que viene después
Al terminar tienes un primer borrador, que es un manuscrito malo. Todos lo son. El trabajo bueno empieza ahora y son otros tres meses.
Guarda el borrador un mes entero sin abrirlo. Es el mejor consejo de corrección que existe y el que menos se sigue: necesitas olvidarlo para poder leerlo.
Preguntas frecuentes
¿Doce semanas no es muy poco para una novela?
Para un borrador, no. Muchos novelistas profesionales escriben el primer borrador en tres meses. Lo que lleva un año es la corrección.
¿Y si no puedo escribir todos los días?
Ajusta el objetivo, no el plan. Tres días a la semana durante veinte semanas funciona igual de bien. Lo que no funciona es escribir cuando apetece.
¿Puedo saltarme la planificación y escribir directamente?
Puedes, y mucha gente lo hace bien. Pero entonces asume que vas a tirar más páginas y que la estructura llegará en la reescritura. Es más caro, no imposible.
¿Qué hago si en la semana 8 la novela me pide otra cosa?
Hacerle caso y actualizar la escaleta esa misma tarde. El plan es un mapa, no una condena. Lo que no vale es seguir escribiendo sin saber adónde.
¿Necesito una herramienta para esto?
Con un cuaderno y un procesador de textos se ha escrito todo lo que existe. Lo que ayuda es no perder el hilo entre semana y semana.
Lo único que hay que hacer
Abrir un calendario y poner las doce fechas. Hoy, no el lunes.
He visto a mucha gente con talento no terminar nunca nada y a gente con menos talento terminar tres novelas. La diferencia nunca ha estado en la inspiración: está en tener escrito en algún sitio qué toca escribir mañana.
Si quieres que el plan y los capítulos vivan en el mismo sitio, puedes montar la estructura de tu novela en Bookit Novel y escribir encima, con el agente leyendo lo que llevas para decirte dónde se cae.



