La pregunta de cómo crear un personaje se responde casi siempre mal porque apelamos a una ficha que nos muestra el color de ojos, edad, profesión, tres aficiones, un trauma de infancia. He leído cientos de esas fichas y he visto cientos de personajes de cartón salir de ellas.
Un personaje no es un inventario de rasgos. Es un individuo que tiene motivos.
Las cuatro preguntas
1. ¿Qué quiere?
Algo concreto, visible, que se pueda conseguir o perder en una escena. No «ser feliz» o «encontrarse a sí mismo». Por ejemplo, recuperar la casa de su padre. Que su hija le devuelva la llamada. Salir de la ciudad antes del domingo.
El deseo tiene que verse.
2. ¿Qué necesita?
Observa que este personaje casi nunca quiere lo que necesita. Su deseo es recuperar la casa, pero antes necesita perdonar a su padre. Quiere que su hija lo llame, antes debo reconocer que la abandonó. La distancia entre el deseo y la necesidad es el espacio donde vive la novela. Si los dos coinciden, tu historia finaliza en treinta páginas.
3. ¿Qué teme?
El miedo impide ver lo que necesita. Tiene que ser un miedo con historia. Qué evita el personaje desde el suceso?
El miedo señala qué escenas tienes que escribir, no olvides que las escenas fuertes son aquellas donde el personaje tiene que hacer justo lo que teme.
4. Nadie se lo espera y lo hace
Hablemos de contradicciones. El hombre duro que llora con los anuncios. La abogada implacable incapaz de negarle un deseo a su madre. La monja que fuma a escondidas.
Necesitas una contradicción de verdad, no una excentricidad decorativa. Su fuerza reside en empujar al personaje hacia una decisión equivocada.
Por qué las fichas largas no funcionan
He visto documentos de quince páginas por personaje. Árbol genealógico, gustos musicales, primer beso. Y luego, en la novela, ese personaje no hacía nada.
El problema es que esos datos son estáticos. Te dicen cómo es el personaje, no qué hace cuando lo aprietas. Una novela es exactamente eso: aprietas a alguien y miras qué hace.
Mi regla: si un dato de la ficha no puede producir una escena, no va a la ficha. Que le guste el jazz no produce nada. Que no soporte que le den las gracias produce tres escenas incómodas.
La prueba de la escena de presión
Cuando tengo las cuatro respuestas, hago esto antes de escribir un solo capítulo. Escribo una escena que no va a ir en la novela: pongo al personaje en una situación donde tiene que elegir entre lo que quiere y lo que teme.
Si la escena se escribe sola, el personaje existe. Si tengo que empujarlo, si tengo que decidir qué hace en lugar de verlo actuar, no está maduro y regreso a las cuatro preguntas.
Que hable distinto
Un personaje se reconoce por cómo habla antes que por lo que hace. En la mayoría de los manuscritos los personajes hablan igual.
Tres palancas que uso:
Longitud. Uno contesta con tres palabras, otro no sabe parar.
Qué evita decir. Más definitorio que lo que dice. El que nunca nombra a su exmujer. El que cambia de tema cuando sale el dinero.
El registro. Hay diferencia entre «vale» «de acuerdo». Hay gente que insulta a diario y otros que se muerden la lengua.
La prueba: tapa los nombres de una página de diálogo y dásela a un lector. Si no sabe quién habla, tienes un personaje, no tres. Sobre esto hablo en cómo escribir diálogos que no parezcan una entrevista.
El antagonista tiene razón
Un apartado corto para el error más caro que veo. Tu antagonista necesita las mismas cuatro preguntas que el protagonista, y necesita tener razón desde su punto de vista. Un antagonista que hace daño porque sí es un obstáculo, no un personaje, y una novela con un obstáculo en lugar de un antagonista no tiene tensión.
La prueba: escribe media página desde su punto de vista explicando por qué lo que hace está bien. Si no te convence empieza otra vez.
Cómo sostener trescientas páginas
Crear el personaje es la parte fácil. Lo difícil es que en la página doscientas siga siendo el mismo y, a la vez, haya cambiado.
Ahí se cae casi todo el mundo, y casi siempre por olvido: el personaje dejó de fumar en el capítulo nueve y enciende un cigarro en el veintitrés. Dijo que no tenía hermanos y en el final aparece una hermana. Esas grietas no las ve el autor, que lleva meses dentro, pero si el lector.
La manera de evitarlo es tener las fichas vivas y no en una libreta que nunca abres. En Bookit Novel puedes crear las fichas de tus personajes y que el agente las actualice leyendo tus capítulos, de modo que cuando te contradigas, alguien lo note.
Y el cambio, que es la otra mitad, lo describo en el arco del personaje: qué tiene que romperse para que cambie. También te servirá desarrollo de personajes: del apunte a la persona para las páginas intermedias, y nombres para personajes para que el lector no los confunda entre sí.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos personajes principales debe tener una novela?
Uno o dos con arco completo. Los demás pueden ser excelentes sin cambiar. Si intentas dar arco a seis, ninguno tendrá espacio para cambiar de verdad.
¿Hay que basar los personajes en personas reales?
Ayuda tomar un gesto, una manera de hablar, una obsesión. Copiar a alguien entero suele salir mal: las personas reales no tienen la coherencia que exige una novela.
¿Cuándo hago las fichas, antes o después?
Las cuatro preguntas, antes. Todo lo demás, según lo vayas descubriendo. Las fichas largas escritas antes de empezar suelen ser una manera elegante de no escribir.
¿Cómo sé si mi personaje es plano?
Si en toda la novela nunca hace nada que te sorprenda a ti, que lo escribes, no va a sorprender a nadie. Y si puedes describirlo con un solo adjetivo, está plano.
Lo que le digo a la gente en el taller
Que deje la ficha de quince páginas y conteste cuatro preguntas en un folio. Que escriba la escena de presión. Y que si el personaje se mueve solo, empiece la novela ese mismo día.
La ficha larga es cómoda porque parece trabajo y no lo es. Las cuatro preguntas dan miedo porque hay que contestarlas de verdad.



